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de paseo por el río Ebro

El Camino del Ebro recupera las sendas de ribera desde Fontibre hasta el Delta, pasando por La Rioja Como los romanos hace dos mil años y los peregrinos desde hace mil, los senderistas, los caminantes de nuestros tiempos, podrán recorrer el Ebro a pie por las viejas sendas que discurren por sus riberas. El Ministerio de Medio Ambiente, a través de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE), en colaboración con las comunidades del Valle y sus decenas de ayuntamientos, ha hecho realidad un viejo proyecto de la Federación Española de Montaña y Escalada: homologar el Camino Natural del Ebro (GR-99).
Son 1.288 kilómetros de sendas las que forman ya el itinerario de gran recorrido desde el nacimiento del río en Fontibre (Cantabria) hasta la desembocadura en Tortosa (Tarragona), pasando por La Rioja: desde las Conchas de Haro hasta los Sotos de Alfaro, 190 kilómetros divididos en ocho etapas, que en algunos tramos pueden discurrir por ambas orillas.
Este proyecto recientemente inaugurado en Zaragoza, en vísperas de la Expo del agua, ha consistido en remodelar una infraestructura apta para el ocio, el turismo sostenible, el deporte y la educación. «Tenemos que conseguir que los ciudadanos se acerquen a los ríos para propiciar un cambio en la cultura y en la forma de concebir las relaciones con el agua», argumenta la CHE.
Con un presupuesto superior a dos millones de euros para obras comenzadas hace dos años, el Camino del Ebro no ha requerido en general grandes actuaciones y casi todas ellas 'blandas', no agresivas con el medio ambiente. Ha habido que limpiar, acondicionar, señalizar y equipar, pero la infraestructura elemental ya existía desde antiguo: son los viejos caminos ribereños, un patrimonio natural y cultural que entronca con el sentido del río como vía de comunicación y no como frontera, aunque el Ebro haya ejercido ambas funciones indistintamente a lo largo de la historia.
En este sentido, destaca del proyecto su carácter pluri-regional. Si bien, el eje del Ebro tiene personalidad propia como base de valores naturales e histórico-culturales de primer orden y contiene además una enorme variedad de paisajes y elementos culturales y etnográficos, es esa dimensión vertebradora del territorio la que le confiere un enorme valor añadido y una dimensión única. De hecho, el Camino del Ebro aspira a ser, por detrás del Camino de Santiago, el segundo gran itinerario de España en importancia y tránsito.
Caminos naturales
Con este horizonte, el Camino del Ebro se suma al Programa de Caminos Naturales que impulsa el Ministerio mediante la recuperación de itinerarios históricos, vías pecuarias, senderos de ribera, infraestructuras de transporte en desuso, etcétera. En La Rioja ya se encontraban en dicho programa las rutas verdes del Oja y del Cidacos.
Los objetivos en todo caso consisten en «facilitar el acceso de la población al entorno natural, disponer de una red de itinerarios conectados de gran longitud que realmente articulen el territorio de forma equilibrada y sostenible, promover con su uso la educación, la movilidad no motorizada, la calidad de vida y la salud de la población, así como mantener y conservar los recursos patrimoniales y culturales existentes».
El proyecto ha sido llevado a cabo en colaboración con las federaciones de montañismo cántabra, castellano-leonesa, vasca, riojana, navarra, aragonesa y catalana bajo la coordinación de la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada.
Permite enlazar numerosos caminos ya existentes y estructurar la red senderista de la mitad norte peninsular y del Mediterráneo. El recorrido completo se estructura en 42 etapas (con 59 tramos), que empiezan y terminan en núcleos de población con capacidad para ofrecer los servicios necesarios al usuario del camino.
La etapa media tiene una longitud de 23 kilómetros; la más larga tiene 34,2, entre San Adrián y Milagro, en Navarra. Las riojanas son más cortas; de hecho de Cenicero a Baños de Ebro (Álava), de 10 kilómetros es una de las más cortas.
Más de un centenar de ayuntamientos, nueve provincias y siete gobiernos autonómicos (Cantabria, Castilla y León, La Rioja, País Vasco, Navarra, Aragón y Cataluña) han colaborado en el proyecto, que al mismo tiempo quiere servir para impulsar entre las diversas administraciones actuaciones de promoción socioeconómica que faciliten el desarrollo rural sostenible.

30.12.07 - J.S.

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