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Río Duero

El Duero desde que nace está acompañado de poemas… e intentaremos rescatarlos para acompar a nuestro viaje con estas descripciones que ahondan en el corazón y desprenden un cariño muy especial y comenzaremos con una descripción en verso de este río de ensueño narrada por Juan Morales Roj



Nace el Duero al pie de un monte
que Pico de Urbión se llama;
riega Soria y Almazán,
y, siguiendo por Aranda,
Peñafiel y Tordesillas,
por Toro y Zamora pasa.

Entra luego en Portugal,
dejando el suelo de España,
y, de Este a Oeste siguiendo,
hacia Oporto se adelanta,
donde al Atlántico se une
tributándole sus aguas.

Del Duero son afluentes
el Duratón y el Pisuerga,
el Esla, Tormes y Yestes,
el Adaja y el Eresma.



Efectivamente, nace el río Duero en la vertiente meridional de los picos de Urbión , del Sistema Ibérico en la provincia de Soria .



Su curso fluye a lo largo de unos 895 km de los cuales 609 discurren por el terreno español. Su cuenca con 98160 km2 .de superficie es la mayor de la Península Ibérica .

Desemboca en el Océano Atlantico ,cerca de Oporto en Portugal.
Sus afluentes más caudalosos son los procedentes de la Cordillera Cantábrica. Destacan: el Esla ,el Duratón , el Eresma , el Adaja , el Tormes, el Órbigo, el Arlanza y el Arlanzón.

Y también el poeta Gerardo Diego cantó a este río con el conocido “ROMANCE DEL DUERO”



Río Duero, río Duero,
nadie a acompañarte baja;
nadie se detiene a oír
tu eterna estrofa de agua.

Indiferente o cobarde,
la ciudad vuelve la espalda.
No quiere ver en tu espejo
su muralla desdentada.

Tú, viejo Duero, sonríes
entre tus barbas de plata,
moliendo con tus romances
las cosechas mal logradas.

Y entre los santos de piedra
y los álamos de magia
pasas llevando en tus ondas
palabras de amor, palabras.

Quién pudiera como tú,
a la vez quieto y en marcha,
cantar siempre el mismo verso
pero con distinta agua.

Río Duero, río Duero,
nadie a estar contigo baja,
ya nadie quiere atender
tu eterna estrofa olvidada,

sino los enamorados
que preguntan por sus almas
y siembran en tus espumas
palabras de amor, palabras.


El río Duero, tan mencionado por poetas y estudiantes de primaria, no ha perdido protagonismo con el paso de los años. Muy al contrario, ha ido añadiendo atractivos a sus riberas, que hoy en día son exploradas por ávidos viajeros amantes de la historia, la cultura y la diversidad paisajística. Pero el Duero es muy largo y sus paisajes bien distintos: verde y serrano en su nacimiento; ocre y sereno durante su curso y almibarado o abrupto al despedirse de la Península.

Nuestras vidas son los ríos / que van a dar en la mar. Así, como una metáfora de su historia y su esencia, perciben los castellano-leones su río principal, paciente observador de la vida cotidiana de la comunidad.


El Duero es uno de los ríos que lo podíamos denominar el río de las mil rutas… Todas mágicas e impresionantes… Uno de los rincones preferidos del Duero está entre San Polo y San Saturio… voceando alegre entre vaivenes "He vuelto a ver los álamos dorados; álamos del camino en la ribera del Duero, entre San Polo y San Saturio". Del recorrido entre la ermita de San Polo y la de San Saturio han nacido alguno de los versos más hermosos de la literatura española contemporánea. El paseo que corre paralelo al río Duero se inicia con la ermita de San Polo, entre huertas. Caminando se atraviesa un arco y entramos en un camino mágico, que se funde con la orilla del río, rodeado de álamos, castaños. olmos, chopos y cañaverales. Un bosque variado y multicolor en el que se ven las estaciones de un vía crucis que nos llevan hasta la ermita de San Saturio, el patrón de Soria. Por una escalera túnel abierta a través de la piedra se accede a la ermita entre cuevas, grutas y paredes pétreas. En la cima de la roca está la ermita. La sensación que produce caminar por el vientre de la montaña es inigualable. Así es el paseo por el río Duero entre San Polo y San Saturio.

Al este de Soria, al lado del río Duero, una de las principales señas de identidad de la ciudad se encuentra este paseo. Soria ocupa el centro de su provincia, cercana a Aragón y La Rioja, algo más serrana que castellana, por la proximidad de sus montes y sierras.

La gruta de San Miguel, donde vivió San Saturio, después de regalar todos sus bienes a los pobres, es una cueva natural abovedada. La leyenda cuenta que San Saturio salvó la vida a un niño que se cayo por una ventana en la roca desde 200 metros de altura.
Otra de las rutas de importancia y muy extensa , es la denominada “ Ruta del Duero “ y constituye la gran ruta de Castilla y León, por cuanto que recorre la comunidad de punta a punta, con el río como motivo central. El Duero es el eje estructurador de la geografía y el paisaje de toda la comunidad. El viaje nos llevará, a través de toda la vega del Duero, desde la geografía de alta montaña de Urbión en Soria hasta el espectacular desfiladero de los Arribes, donde el Duero se pierde de vista en el camino hacia su desembocadura en Oporto.

El viajero puede realizar su recorrido por Castilla y León, y disfrutar de su amplia diversidad paisajística, su patrimonio artístico y su gastronomía, así como participar en fiestas y celebraciones donde podrá conocer el recio y franco carácter de los castellano-leones. En su recorrido podrá visitar localidades, como Soria, El Burgo de Osma, Aranda de Duero, Peñafiel, Tordesillas, Toro o Zamora, que hunden las raíces de su historia en el tenebroso y oscuro pasado de la reconquista.


La Ruta del Duero constituye la gran ruta de Castilla y León, por cuanto que recorre la comunidad de punta a punta, con el río como motivo central. El Duero, inspirador de poetas y pintores como Antonio Machado o José Vela Zanetti, es el eje estructurador de la geografía y el paisaje de toda la comunidad. El viaje nos llevará, a través de toda la vega del Duero, desde la geografía de alta montaña de Urbión en Soria, donde nace nervioso el río, hasta el espectacular desfiladero de los Arribes, donde el Duero se pierde de vista en su ya pausado camino hacia su desembocadura en Oporto.

El viajero puede realizar su recorrido por Castilla y León, a través de la vega del Duero, y podrá disfrutar de su amplia diversidad paisajística, su patrimonio artístico y su gastronomía, así como participar en fiestas y celebraciones donde podrá conocer el recio y franco carácter de los castellano-leones. En su recorrido podrá visitar localidades, como Soria, El Burgo de Osma, Aranda de Duero, Peñafiel, Tordesillas, Toro o Zamora, que hunden las raíces de su historia en el tenebroso y oscuro pasado de la reconquista.



1ª Etapa, de Urbión a Soria:

El río Duero nace en el macizo de Urbión dentro de Sistema Ibérico. Allí no podemos dejar de visitar la Laguna Negra, formación glaciar que tanto impresionó a D. Antonio Machado.

Siguiendo el curso del río, no internaremos en la comarca Tierra de Pinares, en las inmediaciones del curso del Revinuesa. Esta comarca sorprende al viajero por la exuberancia de sus pinares y por el sabor de lo autóctono de sus costumbres y gastronomía. En esta zona es obligada la visita a Covaleda, en las faldas del Urbión, y a Vinuesa, con sus casonas con balconadas y aleros de madera.

Más adelante, el Duero nos conduce hasta el Embalse de la Cuerda del Pozo. En este lugar podremos disfrutar de parajes de recreo de incomparable belleza, como la Playa Pita o Las Cabañas.

En el Cerro de la Muela de Garray el viajero podrá contemplar, no sin cierto arrobamiento, como el viento azota las ruinas de Numancia, testigos mudos de la heroica resistencia de sus habitantes. En la comarca todavía se conservan las cañadas de trashumancia que dieron origen al lema “Soria pura, cabeza de Extremadura.”

2ª Etapa, de Soria a San Esteban de Gormaz:

Soria, ciudad castellana / ¡tan bella! bajo la luna. La ciudad de Soria se ve ineludiblemente unida a la poesía de D. Antonio Machado, que escribió y enseñó en la ciudad en la primera mitad del siglo pasado.

La ciudad conserva todavía el aire de ciudad medieval que tanto fascinó a los románticos. Recoleta e íntima, Soria ofrece al visitante todo un mosaico de edificios de interés artístico, en especial de iglesias románicas, lleno de encanto.

El Duero abandona Soria en su camino desde la sierra hacia la llanura, en dirección a Almazán. Por el camino, se verá retenido en el Pantano de los Rábanos y regará la Tierra de Gómara, histórica comarca soriana que fue objeto de disputa entre castellanos y aragoneses.

En Almazán, localidad de pasado musulmán, la cercana Sierra de las Perdices obliga a cambiar de dirección al Duero, encaminándolo definitivamente hacia el oeste.

Más adelante, en El Burgo de Osma podremos disfrutar de una ciudad de indudable sabor popular e medieval. Una vez allí no podremos dejar de visitar su catedral.

3ª Etapa, de El Burgo de Osma a Aranda de Duero:

Antes de abandonar tierras sorianas, el castillo de San Esteban de Gormaz es mudo testigo del cambio de paisaje del Duero. Desaparecen las últimas estribaciones de la sierra y comienza la fértil vega que le acompañará hasta tierras zamoranas. Con el lento transcurrir de sus aguas, el río ha ido excavando su valle, enmarcado por las cuestas que suben hasta el páramo.

La primera población de interés que encontraremos en esta etapa del camino es La Vid, pequeña localidad de repoblación, en la que destaca el singular monasterio de Santa María, del siglo XII.

Más adelante no podemos dejar de visitar Peñaranda de Duero, con su castillo, sus casas señoriales y su trazado urbano lleno de sabor popular.

De esta manera llegaremos a Aranda de Duero que ostenta orgullosa el honorífico título de capital de la Ribera del Duero. De su importancia medieval y moderna dan testimonio sus iglesias de Santa María y San Juan, así como las casonas nobles que se distribuyen por el casco histórico. La carretera nacional N-I ha sido el eje en torno al cual se ha desarrollado una importante economía industrial.

En su recorrido el Duero ha comenzado ya a recibir las aguas de sus innumerables afluentes que le permitirán convertirse en un río importante y con las que irá fertilizando las tierras de su vega, que históricamente se han dedicado a la agricultura.

Covaleda, Vinuesa, Soria, Almazán, El Burgo de Osma, San Esteban de Gormaz, Peñaranda de Duero, Aranda de Duero, Roa de Duero, Peñafiel, Valladolid, Simancas, Tordesillas, Toro, Zamora.


4ª Etapa, de Aranda de Duero a Valladolid:

Antes de abandonar la provincia de Burgos y con el Duero como foso defensivo natural encontramos Roa de Duero. En esta localidad destaca la visita a la colegiata de Santa María. El pasado histórico de Roa está unido al nombre de personajes ilustres como el de Juan Martín, el Empecinado, guerrillero liberal que murió ajusticiado en la plaza de la villa.

Más adelante descubrimos Peñafiel, en la conjunción del Duero con su afluente, el río Duratón. La localidad se sitúa en las faldas de la elevación sobre la que se levanta su imponente castillo, dentro del cual se encuentra el singular Museo del Vino. De Peñafiel no podemos irnos sin visitar antes la Plaza del Coso, las iglesias de San Miguel y San Pablo, o el convento de Santa Clara.

Toda esta zona, desde San Esteban de Gormaz, en Soria, hasta más allá de Quitanilla de Onésimo, en Valladolid, conforma la D.O. Ribera del Duero. El recio paladar de estos vinos ha conseguido, por méritos propio, reconocimiento y renombre internacionales.

En Valladolid capital nos encontraremos con una ciudad dinámica que aúna su nuevo cosmopolitismo con su sabor histórico y tradicional. La capital castillano-leonesa cuenta con un imponente patrimonio arquitectónico y museístico. No podemos dejar de visitar la Catedral, San Gregorio, San Pablo, el palacio de Santa Cruz o el Museo Oriental y el de Escultura Policromada, este último, único en el mundo.

5º Etapa, de Valladolid hasta Tordesillas:

Desde la capital hasta la localidad de Castronuño se levantan dos importantísimas poblaciones. La primera de ellas es Simancas, en la ribera del Pisuerga y de origen romano. Simancas cuenta con un amplio y rico patrimonio arquitectónico, que, sin embargo, se ve ensombrecido por la importancia y renombre del Archivo de la Corona de Castilla, que se encuentra en la localidad.

La otra localidad a la que deberemos dedicar una reposada visita es Tordesillas. Junto a un vado del río Duero, esta circunstancia la convirtió en estratégico nudo de caminos durante toda su historia. De la riqueza histórico-artística de Tordesillas dan claro ejemplo construcciones como la iglesia de S. Antolín o el convento de Santa Clara.

6ª Etapa, de Tordesillas hasta Zamora:

Entramos en la provincia de Zamora a través de la comarca Tierras del Pan y Vino, que toma su nombre de la abundancia de cereal y uva con que la tierra regala a sus habitantes.

En nuestro camino no podemos dejar de largo la localidad de Toro, ubicada al borde del páramo. Esta ubicación posibilita al viajero el disfrute de incomparables vistas. Toro cuenta con un imponente trazado urbano, constituido por todo un conjunto de iglesias mudéjares y edificios civiles, y por su Colegiata, de estilo románico.

Rey don Sancho, rey don Sancho / no digas que no te aviso, / que de dentro de Zamora / un alevoso ha salido!. Así comienza el romance que da cuenta de un momento singular del pasado, entre lo histórico y lo legendario, de la ciudad de Zamora. Esta mezcla de realidad y ficción históricas se puede constatar en algunos de los nombres de las construcciones civiles que se conservan de época medieval.

En Zamora encontraremos un importante patrimonio arquitectónico en el que destacan edificios, como su catedral románica; y construcciones civiles, como el palacio de los Momos, y el de los Condes de Alba y Aliste.

7ª Etapa, de Zamora a Vega Terrón:

La última etapa de nuestra ruta está constituida por el recorrido por los Arribes del Duero. Esta comarca, a caballo entre las provincias de Zamora y Salamanca, ofrece al viajero un cambio radical de paisaje. La vega del Duero se transforma en un paraje en el que el Duero se encajona de manera abrupta con paredes verticales de granito. El terreno está constituido por materiales duros y suelos pobres, sólo actos para la ganadería. Sus peculiaridades geográficas proporcionan a los Arribes un microclima de tipo mediterráneo. El paraje se ofrece espectacular y sorprendente para la vista.

Podemos señalar por su singularidad los embalses de Ricobayo y Almedras, y la central de Aldeadávila, que regulan el caudal del río.

Esta gran ruta concluye en Vega Terrón, lugar desde donde el Duero es navegable y desde donde podemos realizar un crucero en barco hasta la desembocadura en Oporto, espléndido broche de oro para nuestro viaje.



Pero el Duero, es también “el río escultor” y donde su obra se hace excelsa Zamora le llama Los Arribes, Salamanca Las Arribes, y el Parque Natural se vuelve entonces Internacional al otro lado del río, en Portugal. El Duero y sus afluentes se despeñan en cascadas y gargantas cincelando un paisaje a la vez violento y plácido.

El agua terca, que talla las rocas gota a gota con secular trabajo, ha ido carcomiendo su peñascoso lecho y buscando salida entre esguinces y revueltas... ya espumarajeando las rocas que aún no han cedido a su tozuda labra, ya despeñándose en desniveles, ya parándose un momento a descansar en angostos remansos (...) A trechos las paredes y escotaduras del tajo se adulciguan, y se tienden las pendientes para recibir, sobre revestimiento de tierra, vegetación bravía y cuidados de cultivo. A estos declives que bajan al río se les llama arribes en toda la ribera, es decir, en la región toda que bordea el Duero y afronta Portugal». Nadie mejor que un enamorado de su tierra, como Unamuno, para describir el insólito paisaje en el que el Duero se despide de tierras castellanas. Portugal lo apreció siempre y por eso el cauce, un poco más abajo, donde crecen los viñedos de Oporto, se conserva tan esplendoroso y ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad; mientras que la ribera española solo se protege desde agosto de 2001. Claro que antes ni siquiera hacía falta. La complicada geografía, la dificultad de acceso y la falta de servicios hacían que las visitas escasearan y que incluso los habitantes emigraran en masa. El único desarrollo industrial, eso sí, muy potente, son las presas de uso hidroeléctrico, seis en España y tres en Portugal, pero esas solo emplean mano de obra para la construcción, después funcionan automáticamente, sin más que un guarda y su perro.

Los barrancos y la tierra avara han determinado el paisaje humano y sus ancestrales tradiciones. Los que se quedaron mantuvieron en su aislamiento usos y tradiciones, artesanías y hasta un habla propia, un castellano peculiar del que aún se conserva un extenso vocabulario local. Del mismo modo, al otro lado, los mirandeses hablan una lengua portuguesa distinta del portugués.

Es un panorama agreste que a primera vista parece una exhibición de la fuerza de la naturaleza en su plenitud pero, a poco que se aguce el ojo descubre que, además del contrabando, aquí se trabajó una tenaz agricultura. Hasta las cumbres, las laderas abandonadas están talladas en bancales, en terrazas donde aún crecen olivos o donde las abejas de las colmenas, que se salpican aquí y allá, liban en la retama. En contraste con la árida imagen de Castilla, aquí la influencia del agua crea un microclima en el que la hierba es verde y jugosa y se pinta de florecillas de todos los colores, y donde junto al olivo y el alcornoque crecen almendros, frutales y, sobre todo, la vid, cada vez más cuidada, ahora que se está construyendo una pujante Denominación de Origen con sabrosos tintos de uvas autóctonas y nuevas bodegas bien dotadas.

Desde que se constituyó el Parque Natural, a la zona histórica de Los Arribes, que va desde Vilarino a Saucelle, se han sumado las dos comarcas vecinas, la zamorana de Sayago y la salmantina de Abadengo. En total, los Arribes —la orilla, la ribera— son 37 pueblos españoles y siete portugueses con sus aldeas, a lo largo de 100 kilómetros del Duero y sus afluentes, el Tormes, el Esla, el Águeda, que ocupan más de 230.000 hectáreas, una de las mayores zonas protegidas de Europa.

Para disfrutarla hay medios muy variados: una vía abandonada de tren que coquetea apareciendo y desapareciendo por túneles y puentes milagrosos; barcos desde los que descubrir la belleza y el poder del agua que ha tallado tan impresionantes laderas; y un calzado de campo cómodo para recorrer el GR-14 , por ejemplo durante los 13 kilómetros que conducen Aldeávila de la Ribera, por el poblado de la presa, el cañon del Duero y los bosques de almez hasta el mirador de Code y el pueblecito de Mieza. Un camino vigilado desde el cielo por los cormoranes y la cigüeña negra, el águila perdicera, el milano real...

Otro paseo es el que requiere acercarse a las cascadas más hermosas: al Pozo de los Humos, la caída de 50 metros del río Uces, entre Pereña y Masueco, que convierte sus aguas en mágico polvo de arco iris; el doble escalón del Pozo Airón, que oculta una hermosa gruta; o el Alto de la Fuente Santa, en Pereña, donde el agua se desploma con casi 400 metros de desnivel. Para comprender la complejidad del ecosistema hay que acudir a la Casa del Parque donde Antonio, Maribel o Julia acompañan a las visitas en el recorrido por un antiguo convento franciscano convertido en un didáctico centro de información. El parque se presenta simbólicamente despiezado en escalones, desde el cielo hasta el fondo del río, para explicar la estructura del paisaje y sus habitantes: desde las rocas graníticas a los alcornoques, desde los humanos y sus actividades a las aves, los depredadores o las náyades, esos mejillones de río que son los guardianes de la pureza de las aguas.

Ya desde la Edad de Hierro la mano humana ha trasformado aquí la piedra en arte. La mula, un verraco de bien tamaño, de Villardiegua y las estelas romanas que aparecen en cada excavación compiten con las simples formas naturales de las peñas redondeadas de granito que parecen esculpidas.

Le queda poco para llegar a Oporto y derramar allí sus aguas al océano.. pero para el Duero un metro es un mundo, y los pocos kilómetros que le faltan para terminar su inmensa ruta no deja de sorprender y de enamorar a quien se asoma y ve su sonrisa.

De todas formas antes de abandonar a España el Duero, deja un buen sabor de boca con
El Gran Cañón Ibérico, desde Salamanca hasta la comarca conocida como hemos dicho por Las Arribes del Duero, en el occidente de las provincias de Salamanca y Zamora, es la principal protagonista del cuaderno de viaje siendo la caprichosa naturaleza de un río, el Duero, que ha creado profundos encajonamientos entre tierras españolas y portuguesas. Casi un centenar de kilómetros de recorrido fluvial, donde el microclima característico de arribe y la inaccesibilidad de los farallones de granito facilitan un hábitat exclusivo para numerosas especies protegidas, entre las que destacan el buitre leonado, el águila real y la cigüeña negra.

No es extraño encontrar errores de bulto cuando se habla de Las Arribes, como dar por supuesto que son exclusivamente salmantinas, flaco favor para el patrimonio natural de Fermoselle y los pueblos sayagueses ribereños en los que el río Duero serpentea en acerados cañones verticales de hermosas vistas. La comarca de Las Arribes del Duero, inexistente administrativamente, se extiende a lo largo de las provincias de Salamanca y Zamora, si bien en la parte de aquélla se corresponde con una subdivisión de la comarca de Vitigudino. Mientras, en Zamora, comprende los municipios más próximos al curso del Duero, situados dentro de la comarca de Sayago, de la cual dependen. Por último, en la parte portuguesa, el itinerario se encuentra comprendido dentro de la región de Tràs Os Montes, ceñido exclusivamente a las localidades bañadas por el río.
Por su secular aislamiento y su estigma de pobreza, Las Arribes del Duero también han recibido el apelativo de lejano oeste español

Curiosamente, es en la parte lusitana en la que este entorno natural goza de la calificación de espacio protegido, mientras que, en la zona española, son muchos los años pasados sin ver convertido el entorno en parque natural que, al estar compartido entre ambos países, sería considerado internacional. Es sólo un dato que indica la importancia y el interés ecológico de un área geográfica, sita a caballo entre dos provincias y dos naciones, que, muchos, han bautizado como el Gran Cañón del Colorado Ibérico. Aunque, por su secular aislamiento y su estigma de pobreza, también ha recibido el apelativo de lejano oeste español, al encontrarse en un extremo de la meseta castellana donde el microclima de arribe dispara el termómetro a temperaturas por encima de los cuarenta y dos grados. Cualidades todas ellas que, no obstante, permiten disfrutar de parajes apenas pisados por las botas del viajero.

La torre del homenaje del castillo de San Felices ofrece sus treinta y seis varas de altitud para obtener una magnífica panorámica del casco urbano y de las lejanas Arribes del Agueda, similares en belleza a sus homónimas del Duero


El viaje debe iniciarse a, escasamente, siete kilómetros de Vitigudino, donde se conserva el castro amurallado de Yecla de Yeltes, sito a menos de dos kilómetros de ésta última población. En él, todavía se pueden contemplar numerosos grabados de figuras antropomórficas y serpentiformes, junto a caballos, ciervos y cazoletas. En la mismo plaza mayor del pueblo de Yecla, un recoleto y poco visitado museo recoge algunas de las estelas halladas en este yacimiento, que data, en su parte más antigua, de la Edad del Hierro.

Más hacia el sur, en San Felices de los Gallegos, se debe disfrutar de uno de los conjuntos urbanos mejor conservados de la provincia salmantina. Es obligado dejar que los pasos lleven al viajero, sucesivamente, a La Alhóndiga - antiguo granero de los Duques de Alba -, al Convento de la Pasión de las Religiosas Canónigas Regulares de San Agustín, fundado durante el reinado del emperador Carlos I, o a la Casa de los Señores del Ron, antigua residencia de nobles que tenían por lema “Los Señores del Ron comen todos a este son”, en clara alusión a las continuas luchas fronterizas entre castellanos y portugueses.

Hacia el Valle del Aguila… Fruto de la importancia defensiva de San Felices de los Gallegos es su castillo, levantado por el rey portugués Don Dionis en los últimos años del siglo XIII. La torre del homenaje, en buen estado de conservación, ofrece sus treinta y seis varas de altitud para obtener una magnífica panorámica del conjunto urbano y de las lejanas Arribes del Agueda. Similares en belleza a sus homónimas del Duero, las del río Agueda marcan el limite previsto para el futuro Parque Natural.
Lumbrales, capital del Abadengo, permite llegar hasta el muelle de Vega Terrón, levantado en un extremo de la población fronteriza de La Fregeneda, aunque no se debe pasar por alto una visita al castro de Las Merchanas. La carretera finaliza aquí, contra toda lógica, y sólo una vieja línea férrea, actualmente abandonada, cruza el Agueda y facilita, a pie, el acceso hasta la vecina población portuguesa de Barca D´Alba.

El pequeño muelle de Vega Terrón es el único puerto fluvial capaz de comunicar Castilla y León con el Atlántico y es, además, el punto final de una ruta fascinante sobre la vieja línea férrea que surca puentes y túneles de impactante belleza, desde La Fregeneda


Vega Terrón es la despedida del Duero a su largo y tranquilo paseo por tierras españolas, aunque, antes de cruzar la frontera, el río debe sortear un profundo desnivel, de más de cuatrocientos metros, en cien kilómetros de aguas internacionales cuya soberanía comparten España y Portugal. El pequeño muelle de Vega Terrón posee, igualmente, una notable importancia al ser el único puerto fluvial con capacidad para comunicar Castilla y León con el Atlántico e incluye, entre sus atractivos, ser el punto final de una ruta fascinante sobre la vieja línea férrea, que surca, ininterrumpidamente, puentes y túneles de impactante belleza, desde la cercana población de La Fregeneda.

Desde Aldeadávila de la Ribera, rebautizada por sus vecinos como El Corazón de las Arribes, varios sendas circundan las proximidades del río, destacando las de Rupitin, Lastrón y aquella que lleva al antiguo monasterio de la Hospedería de la Verde que creció junto a pequeños huertos con naranjales y chumberas a orillas del Duero


Regresando nuevamente por la carretera de esta última, en dirección a Lumbrales, se halla un desvío a medio camino que lleva hasta la población de Hinojosa de Duero. Y desde este pueblo de tradición quesera, atravesando el laberinto de curvas del puerto de La Molinera, se alcanza el Paso Internacional de Saucelle - Freixo, dispuesto sobre una de las tantas presas que la empresa hidroeléctrica Iberdrola explota en el postrero tramo del Duero. Producto de esta actividad son los numerosos megalitos del progreso, con forma de torretas de alta tensión, que acompañan el recorrido.

El viaje puede continuarse por el lado portugués, donde se encuentran pueblecitos trasmontanos de gran encanto dominados por el imponente Penedo Durâo y, a pocos kilómetros al norte de Miranda do Douro, en Aldeia Nova, una magnífica panorámica del río Duero desde la ermita de San Joao, en el Valle del Aguila (Valdaguia).

Existe en este entorno innumerables rutas, ya que, de sur a norte de la parte española, se encierran numerosísimos atractivos para los viajeros, aunque la gran cantidad de rutas accesibles desde los diferentes pueblos, hace prácticamente imposible conocer apenas una pequeña parte de los mismos en sólo un fin de semana. Por ejemplo, en Saucelle, es indispensable admirar la visión del puerto de La Molinera desde el Mirador de las Janas, aunque el espectáculo se vea enturbiado por los innumerables caminos de concentración parcelaria que se adentran a pocos metros de una de las mayores colonias de buitre leonado de Las Arribes.

Vilvestre, Mieza y Pereña constituyen los tres próximos destinos. En el primero, la Mesa de la Diabla, un santuario rupestre descrito y redescubierto por el profesor Luis Benito del Rey, aporta un nuevo encanto a uno de los parajes más impresionantes del Duero, admirable, preferentemente, a última hora de la tarde con los bancales cubiertos de almendros en flor. En Mieza, se inicia un momento especial para el viajero, que debe pararse a escuchar viejas historias de cuando el río corría con total libertad entre los farallones de granito y los vecinos de esta población se veían obligados a hablar a voces para poder entenderse por encima del sonido del agua. Finalmente, Pereña goza con el asombro que provoca el Pozo de los Humos, una bella cascada que cae a pocos kilómetros del núcleo urbano y a la que hay que acercarse a pie.

En Miranda do Douro, aquél que no observe el “2”, tallado en piedra en una pared vertical sobre una de las orillas del Duero, no tendrá posibilidad de casarse


Desde Pereña, el itinerario se adentra hacia Aldeadávila de la Ribera, rebautizada por sus vecinos como El Corazón de las Arribes. Numerosos senderos circundan las proximidades del río, destacando, por menos frecuentados, los de Rupitin, Lastrón y la que lleva hasta la Hospedería de la Verde, un antiguo monasterio, en la actualidad propiedad de Iberdrola, que creció junto a pequeños huertos con naranjales y chumberas a orillas del Duero. Mas, las tres estrellas de Aldeadávila son el Mirador del Fraile - hermosa vista al vacío a pocos kilómetros del casco urbano -, el Picón de Felipe – posiblemente, el lugar de mayor belleza en muchos kilómetros a la redonda - y, finalmente, la Playa del Rostro. Esta es una playa fluvial con zona apta para el baño y diversas actividades náuticas que se organizan desde un pequeño embarcadero en la margen española y que pueden ir desde el alquiler de kayaks y piraguas a una visita turística en zodiac a la desembocadura del río Uces.

En fin… os habréis dado cuenta que el recorrido de este río es más que un universo.

Francisco Noval en un artículo publicado en la revista “en taquilla” se preguntaba sobre este río muchas preguntas, describiendo esta maravilla de una forma distinta y caprichosa que merece la pena compartir con él, y decía entre otras cosas así:

¿Puente de Oporto para decirle al río, cargado de belleza, el último adiós?
¿Colinas doradas de vides en bancales de casi imposible vendimia en Pinhao, en el corazón de Portugal?
¿Acantilados salmantinos de los Arribes?
¿Murallas y puentes de Zamora en torno a la catedral?
¿Puente de Tordesillas para dejar pasar las horas viendo fluir las aguas reposadas o rápidas y poderosas tras el temporal?
¿Meandros de Tudela contemplados desde estancias frescas y calmas en los calurosos días de verano?
¿Tierras de la Ribera de renombrados viñedos y bodegas?
¿Alameda de Soria entre San Polo y San Saturio recordando que apenas si dentro de unos meses se cumplirán los cien años de que Antonio Machado, su mejor cantor, llegara allí?

Sin duda son todos ellos lugares y espacios que adornan al río Duero de una belleza singular.

Pero permítame el lector elegir otro punto de vista y otra mirada, cuando el Duero es aún joven, incluso humilde, y corre ligero por tierras de Berlanga y de Gormaz. Se trata del río Duero contemplado desde el castillo califal de Al-Haquem II, en Gormaz. No es ancho el río que viene de Berlanga, pero traza sus meandros en la llanura, deja a su derecha el pueblecito campesino, se curva luego para salvar el gran roquedal de la colina en la que se asienta "castiello tan fuort" al decir del Cid y se funde en aquellos espacios y tierras de país interior, en esa extremadura castellana que tantas gestas y cantares habría de suscitar.

Estoy seguro de que ante tanta belleza, ante los avatares de la azarosa historia, tendrá el lector la ocasión de meditar, acaso de soñar. Como sin duda sueña ya, tan temprano, el río Duero con la mar.


Pero la UNESCO se detiene en este paraje y se pronuncia el 14 de Diciembre de 2001, designando al Alto Douro Vinhateiro 45º 68'N, 5º 93'W, Patrimonio de la Humanidad, en la categoría de paisaje cultural, una candidatura gestionada y promovida por la Fundación Rei Afonso Henriques.

El Alto Douro Vinhateiro se ha tornado la 13ª zona del país clasificada y el 5º elemento del grupo vitivinícola, juntándose a las regiones de Val du Loire y Saint Émilion (Francia), Cinque Terre (Italia) y Wachau (Austria).

El área clasificada engloba 24,6 mil hectáreas, esparcidas por 13 municipios dentro de Portugal: Mesão Frio, Peso da Régua, Santa Marta de Penaguião, Vila Real, Alijó, Sabrosa, Carrazeda de Ansiães, Torre de Moncorvo, Lamego, Armamar, Tabuaço, S. João da Pesqueira y Vila Nova de Foz Côa; representa diez por ciento de la Região Demarcada do Douro.

Es un homenaje a la obra combinada del Hombre con la Naturaleza, que viene a ilustrar el valor universal del papel activo de una cultura y un paisaje de excelencia.

No obstante la magia que los paisajes exaltan, el terreno clasificado fecunda el famoso y apreciado Vino do Porto.

Pero la belleza de los escenarios compuestos por surcos y viñas que suben las encuestas fue la plusvalía que ha hecho con que la UNESCO aprobase su entrada en la elite del Patrimonio Mundial.

Con una ocupación que remonta a la prehistoria, el Vale do Douro cuenta con un conjunto de vestigios de pueblos que allí habitaran. Desde la época de la romanización que allí se desarrolla una cultura de viña. El paisaje de los viñedos atestigua modos de organización de viña de distintas épocas históricas.

En su origen es un paisaje deserto, de fragas escarpadas, dominadas por el esquisto y el granito y cubiertas de matas y arbustos típicos de un clima entre el atlántico y el mediterráneo, que se torna más seco a medida que se camina para el interior.

Al largo de tres siglos, se han creado técnicas de perfeccionamiento y valorización del terreno que han permitido el cultivo de la viña en condiciones adversas, en encuestas escarpadas y pedregosas, a través de la construcción de socalcos, suportados por muros de esquisto extensos que contribuyen para evitar la erosión.

El paisaje ha sido modelado de forma inconfundible para la transformar en millares de kilómetros de viña.

Las inmensas plantaciones de bardos paralelos, sean en socalcos y descansillos en la horizontal, sea en viñas al alto, o ahora más frecuentemente alternando las dos modalidades, forman majestosas tapizarías geométricas. Su estratificación en escalinatas que desgarran montañas se conjuga con la planitud silenciosa de un río transformado en una sucesión de lagos por la construcción de diques.

El Douro se sitúa en el nordeste de Portugal, protegido de los vientos húmedos del Atlántico por las montañas de Marão y Montemuro, presentase circundado al Norte por Tras-os-Montes, al Oeste por Minho y Porto y al Este por la región española de Castilla y León.

La región se extende por 250 000 hectáreas, pero la viña ocupa 40 000 hectáreas en las cuencas profundas encajadas en Douro y sus afluentes: el Corgo, el Toro, el Pinhão, el Tua, el Côa, entre otros. El todo esta dividido en tres sub-regiones - el baixo Corgo al Oeste, en el centro el Cima-Corgo y al Leste el Douro Superior - con variadas expresiones mesoclimáticas, pero siempre con inviernos fríos y veranos calientes y secos.

La conjugación de estos factores, aliada a la nobleza de las castas utilizadas, es determinante en la cualidad y genuinidad de los viños, que no son más que la expresión de la íntima ligación harmoniosa de la tierra, el clima y amor con la arte del hombre.

Esto espacio natural acompaña, longitudinalmente, los ríos Douro y Águeda en sus trozos fronterizos durante más de 120 kilómetros de largo, abrazando 4 municipios: Miranda do Douro, Mogadouro, Freixo de Espada à Cinta y Figueira de Castelo Rodrigo.

La importancia faunística de esto espacio cultural, donde también se incluye el Parque Natural Arribas del Duero, es incuestionable, sobretodo en lo que concierne a las grandes aves de rapiña y a la cigüeña negra. Las vertientes escarpadas de esta área ofrecen la tranquilidad necesaria para albergar las innumeras aves que aquí se reproducen, como el Buitre, el Alimoche, símbolo del Parque Natural do Douro Internacional, el águila Real, la Águila Perdicera y la Cigüeña Negra.

Se pueden también encontrar en este parque importantes populaciones de mamíferos: el lobo, el corzo, el jabalí, la nutria, la raposa, y otro.

Los bosques de Carrascos (Quercus rotundifolia) son los más representativos, pero se encuentran también los alcornoques (quercus suber), los juniperos (juniperus oxycedrus) y los robledos de roble melojo (quercus pyrenaica). Comunidades arbustivas de tirantes, retamas, cornicabras, lavandas y urces, conjuntamente con los bosques hidrófilos de sauces y alisos, contribuyen para el equilibrio de esta área.

Caracterizado por su extraordinaria belleza paisajística, por sus áreas protegidas, o aún por la monumentalidad de su patrimonio, el Douro atrae también por tanto por la reputación de sus vinos- el Vino do Porto y el Vino do Douro blanco y tinto y los finísimos espumantes raposeira y murganheira y aguardientes- y también por su conocida gastronomia tradicional aliada a la hospitalidad e ostumbras que definen el perfil de su gente.


Del alto de las sierras viene la babosa de tres aletas, el conejo, la perdiz, la liebre, tornando esta región un punto de encuentro para quien se dedica a la caza. De los ríos y regueros viene hacia nuestras mesas la trucha jaspeada. Tierra del bueno comer y beber, la región puede ofrecer a quien llega un magnífico menú: jamón, torta de carne, caldo de castañas, sopa de alheira, truchas con jamón, perdiz en la , carne de cerdo asada con castañas, torta de bacalao, torta de jamón, trigas-milhas, carnes de cerdo ahumadas. Esta ciudad ofrece también una dulcería variada: pan-de-ló, celestes, chila al horno, rosquillas, bollitos de amor.

Hablar del Destino Douro es necesariamente hablar del río Douro, de sus viñas en socalco, de las Quintas donde se produce el tan famoso vino do Porto y las fiestas populares seculares que ocurren por toda la región.

EL paisaje del Douro es todo muy atractivo. Desde las cercanías serranas hacia las márgenes del río, desde la belleza de la retama salvaje hacia los socalcos de la vid domesticada, pasando por los almendros y cerezos en flor, se desdobla esto paisaje singular, en míriades de tonos y coloraciones, consonante la época del año y el local escogido.

Por todo lado Solares www.turihab.pt, Quintas www.center.pt y testimonios de pueblos errantes y culturas diversas marcan de forma indeleble el paisaje. Un ejemplo de esto es el Vale do Côa, que encierra en sí el mayor y más hermoso parque de arte rupestre del mundo.

La herencia medieval es también intensa y profunda. Castillos como el de Numão, Marialva y Freixo de Espada-à-Cinta recuerdan a cada instante la importancia estratégica que el Douro siempre ha asumido en la historia.


Y aquí deja su sangre derramarse en el Atlántico, dejando cantos y enamorados por toda su inmensa ribera y además grabando sus versos en su bilingüe caminar entre el castellano y el portugués.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola me he encontrado su blog por casualidad.Es precioso el rio Duero

Ana Maria dijo...

Hola, estoy preparando oposiciones de segundaria, familia profesional de hosteleria y turismo, estoy viendo los distintos itinerarios en castilla y leon y por casualidad, me he enganchado con este RIO, felicito al autor de fotografía y al que lo describe. Tiene que ser un auténtico profesional. de todas formas, hace tiempo sufrí un accidente,y salí adelante con "CAMPOS DE CASTILLA", DE ANTONIO MACHADO", CON ESTE LIBRO COMPRENDI CON ERA EL duero.

ana garcia murcia

Anónimo dijo...

estoy preparando las vacaciones y queria hacer un recorrido por el rio duero desde su nacimiento hasta la desembocadura. y lo que he leido me ha sido de gran utilidad y muy bonito. gracias

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